miércoles, 10 de marzo de 2010

La Elección Incondicional

2 Tesalonicenses 2: 13, 14.
"Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo."
Si no hubiera ningún otro texto en la sagrada Palabra excepto éste, pienso que todos deberíamos estar obligados a recibir y reconocer la verdad de esta grandiosa y gloriosa doctrina de la eterna elección que Dios ha hecho de Su familia. Pero parece que hay un prejuicio muy arraigado en la mente humana en contra de esta doctrina. Y aunque la mayoría de las otras doctrinas son recibidas por los cristianos profesantes, algunas con cautela, otras con gozo, sin embargo esta doctrina parece ser despreciada y descartada con frecuencia.

En muchos de nuestros púlpitos se consideraría gran pecado y alta traición, predicar un sermón sobre la elección, porque no podrían convertir su sermón en lo que ellos llaman un discurso "práctico." Creo que ellos se han apartado de la verdad en este asunto. Cualquier cosa que Dios ha revelado, la ha revelado con un propósito. No hay absolutamente nada en la Escritura que no se pueda convertir, bajo la influencia del Espíritu de Dios, en un discurso práctico: pues "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil" para algún propósito de provecho espiritual.

Es verdad que no se puede convertir en un discurso sobre el libre albedrío (eso lo sabemos muy bien) pero sí se puede convertir en un discurso sobre la gracia inmerecida: y el tema de la gracia inmerecida es de resultados prácticos, cuando las verdaderas doctrinas del amor inmutable de Dios son presentadas para que obren en los corazones de los santos y de los pecadores.

Ahora, yo confío que hoy, algunos de ustedes que se asustan con el simple sonido de esta palabra, dirán: "voy a escucharla con objetividad; voy a hacer a un lado mis prejuicios; voy a oír simplemente lo que este hombre tiene que decir." No cierren sus oídos ni digan de entrada: "es doctrina muy elevada." ¿Quién te ha autorizado a que la llames muy alta o muy baja? ¿Por qué te quieres oponer a la doctrina de Dios? Recuerda lo que les ocurrió a los muchachos que se burlaban del profeta de Dios, exclamando: "¡Calvo, sube! ¡Calvo, sube!" No digas nada en contra de las doctrinas de Dios, para evitar que salga del bosque una fiera y te devore a ti también. Hay otras calamidades además del manifiesto juicio del cielo: ten cuidado que no caigan sobre tu cabeza.

Haz a un lado tus prejuicios: escucha con calma, escucha desapasionadamente: oye lo que dice la Escritura. Y cuando recibas la verdad, si a Dios le place revelarla y manifestarla a tu alma, que no te dé vergüenza confesarla. Confesar que ayer estabas equivocado, es solamente reconocer que hoy eres un poco más sabio. Y en vez de que sea algo negativo para ti, da honor a tu juicio, y demuestra que estás mejorando en el conocimiento de la verdad. Que no te dé vergüenza aprender, y hacer a un lado tus viejas doctrinas y puntos de vista, y adoptar eso que puedes ver de manera más clara en la Palabra de Dios. Pero si no ves que esté aquí en la Biblia, sin importar lo que yo diga, o a qué autoridades hago referencia, te suplico, por amor de tu alma, que rechaces lo que digo. Y si desde este púlpito alguna vez oyes cosas contrarias a la Sagrada Palabra, recuerda que la Biblia debe ser lo primero, y el ministro de Dios debe estar sometido a Ella. Nosotros no debemos estar por sobre la Biblia cuando predicamos, sino que debemos predicar con la Biblia sobre nuestras cabezas. Después de todo lo que hemos predicado, estamos muy conscientes que la montaña de la verdad es más alta de lo que nuestros ojos pueden discernir. Nubes y oscuridad rodean su cima, y no podemos distinguir su pico más elevado. Sin embargo, vamos a tratar de predicar lo mejor que podamos.

Pero como somos mortales y sujetos a equivocarnos, ustedes mismos deben juzgarlo todo. "Probad los espíritus si son de Dios;" y si estando de rodillas reflexionando maduramente, ustedes son guiados a rechazar la elección (cosa que yo considero totalmente imposible) entonces deséchenla. No escuchen a quienes predican la elección, sino crean y confiesen aquello que ven que es la Palabra de Dios. No puedo agregar nada más a manera de introducción.

No voy a intentar demostrar la justicia de Dios al haber elegido a algunos y haber pasado por alto a otros. No me corresponde a mí, vindicar a mi Señor. Él hablará por Sí mismo y en efecto lo hace: "Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?" ¿Quién es aquél que dirá a su padre: "qué has engendrado?" O a su madre: "¿qué has traído al mundo?" "Yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto." ¿Quién eres tú para que alterques con Dios? Tiembla y besa Su vara; inclínate y sométete a Su cetro; no impugnes Su justicia, ni denuncies Sus actos ante tu propio tribunal, ¡oh, hombre!

Pero hay quienes dicen: "Dios es cruel cuando elige a uno y pasa por alto a otro." Entonces, yo les preguntaría: ¿Hay alguien el día de hoy que desea ser santo, que desea ser regenerado, que desea abandonar el pecado y caminar en santidad? "Sí, hay," dice alguien, "Yo quiero." Entonces Dios te ha elegido a ti. Sin embargo otro dice: "No; yo no quiero ser santo; no quiero dejar mis pasiones ni mis vicios." ¿Por qué te quejas, entonces, de que Dios no te haya elegido a ti? Pues si hubieras sido elegido, no te gustaría, según lo estás confesando. Si Dios te hubiera elegido hoy a la santidad, tú dices que no te importa. ¿Acaso no estás reconociendo que prefieres la borrachera a la sobriedad, la deshonestidad a la honestidad?

Amas los placeres de este mundo más que la religión; ¿entonces, por qué te quejas que Dios no te haya elegido para la religión? Si amas la religión, Él te ha elegido para la religión. Si la deseas, Él te ha elegido para ella. Si no la deseas, ¿qué derecho tienes de decir que Dios debió haberte dado aquello que no deseas? Suponiendo que tuviera en mi mano algo que tú no valoras, y que yo dijera que se lo voy a dar a tal o cual persona, tú no tendrías ningún derecho de quejarte de que no te lo estoy dando a ti. No podrías ser tan necio de quejarte porque alguien más ha obtenido aquello que a ti no te importa para nada.

De acuerdo a la propia confesión de ustedes, hay muchos que no quieren la religión, no quieren un nuevo corazón y un espíritu recto, no quieren el perdón de sus pecados, no quieren la santificación; no quieren ser elegidos a estas cosas: entonces, ¿por qué se quejan? Ustedes consideran todo esto como cosas sin valor, y entonces ¿por qué se quejan de Dios, que ha dado esas cosas a quienes Él ha elegido? Si consideras que esas cosas son buenas y tienes deseos de ellas, entonces están disponibles para ti. Dios da abundantemente a todos aquellos que desean; y antes que nada, Él pone el deseo en ellos, de otra forma nunca lo desearían. Si amas estas cosas, Él te ha elegido para ellas, y puedes obtenerlas; pero si no es así, quién eres tú para criticar a Dios, cuando es tu propia voluntad desesperada la que te impide amar estas cosas. ¿Cuando es tu propio yo el que te hace odiarlas?

Supongan que un hombre que va por la calle dice: "Qué lástima que no haya un asiento disponible para mí en la capilla, para poder oír lo que este hombre tiene que decir." Y supongan que dice: "Odio a ese predicador; no puedo soportar su doctrina; pero aún así, es una lástima que no haya un asiento disponible para mí." ¿Esperarían ustedes que alguien diga eso? No: de inmediato dirían: "a ese hombre no le importa. ¿Por qué habría de preocuparle que otros alcancen lo que valoran y que él desprecia?"

No amas la santidad, no amas la justicia; si Dios me ha elegido para estas cosas, ¿te ha ofendido por eso? "¡Ah! Pero," dice alguien, "yo pensé que eso significa que Dios ha elegido a unos para ir al cielo y a otros para ir al infierno." Eso es algo totalmente diferente de la doctrina evangélica. Él ha elegido a unos hombres a la santidad y a la justicia y por medio de ellas, al cielo. No debes decir que los ha elegido simplemente para ir al cielo y a los otros para ir al infierno. Él te ha elegido para la santidad, si amas la santidad. Si cualquiera de ustedes quiere ser salvado por Jesucristo, Jesucristo le ha elegido para ser salvado. Si cualquiera de ustedes desea tener la salvación, ese ha sido elegido para la salvación, si la desea sinceramente y ardientemente. Pero si tú no la deseas, ¿por qué habrías de ser tan ridículamente tonto de quejarte porque Dios da eso que no quieres a otras personas?

martes, 9 de marzo de 2010

La Fe

El Catecismo de la histórica Asamblea pregunta: "¿Cuál es el fin principal del hombre? y su respuesta es: "Glorificar a Dios y gozar de Él para siempre." La respuesta es perfectamente correcta. Aunque también hubiera sido igualmente correcta si hubiera sido más corta. El fin principal del hombre es "agradar a Dios," pues al hacerlo (no necesitamos afirmarlo, porque es un hecho fuera de toda duda), se agradará a sí mismo. El fin principal del hombre en esta vida y en la venidera, así lo creemos, es complacer a Dios su Hacedor. Si un hombre agrada a Dios, hace lo que más le conviene para su bienestar temporal y eterno. El hombre no puede agradar a Dios sin atraer hacia sí mucha felicidad, pues si alguien agrada a Dios, es porque Dios lo acepta como Su hijo.

Esto es así porque Él le otorga las bendiciones de la adopción, derrama en él la abundancia de Su gracia, lo bendice en esta vida y le asegura una corona de vida eterna, que él usará y que brillará con un lustre inagotable, aún cuando todas las guirnaldas de la gloria terrenal se hayan deshecho. Por el contrario, si un hombre no agrada a Dios, inevitablemente atrae hacia sí penas y sufrimiento en esta vida. Coloca gusanos y podredumbre en la puerta de todas sus alegrías. Llena su almohada mortuoria con espinas y aumenta el fuego eterno con carbones llameantes que lo van a consumir eternamente.

El hombre que agrada a Dios, mediante la Gracia Divina, va peregrinando hacia la última recompensa que espera a quienes aman y temen a Dios. Pero el hombre que desagrada a Dios tiene que ser desterrado de la presencia de Dios, y por consiguiente, del goce de la felicidad. Así lo dice la Escritura. Si estamos en lo cierto cuando declaramos que agradar a Dios es ser feliz, entonces la única pregunta importante es ¿cómo puedo agradar a Dios? Y hay algo muy solemne en lo que dice nuestro texto: "Sin fe es imposible agradar a Dios." Es decir, puedes hacer lo que quieras, esforzarte tanto como puedas, vivir de la manera más excelente que quieras, presentar los sacrificios que escojas, distinguirte como puedas en todo aquello que es honorable y de buena reputación; sin embargo nada de esto puede ser agradable a Dios a menos que lleve el ingrediente de la fe. Como dijo Dios a los judíos: "En toda ofrenda ofrecerás sal," así Él nos dice a nosotros: "Con todo lo que haces debes traer fe, pues de lo contrario, sin fe es imposible agradar a Dios."

Esta es una antigua ley. Tan vieja como el primer hombre. Tan pronto como Caín y Abel vinieron al mundo y se convirtieron en hombres, Dios hizo una proclamación práctica de esta ley que "sin fe es imposible agradarle." Caín y Abel, en un día muy soleado erigieron dos altares, uno junto al otro. Caín tomó de los frutos de los árboles y de la abundancia de la tierra y colocó todo sobre su altar. Abel trajo de los primogénitos del rebaño, poniéndolo sobre su altar. Se iba a decidir cuál de los dos sacrificios aceptaría Dios.

Caín había traído lo mejor que tenía pero lo trajo sin fe. Abel trajo su sacrificio, con fe en Cristo. Ahora, ¿cuál sería mejor recibido? Las ofrendas eran iguales en valor; en lo relativo a la calidad, eran igualmente buenas. ¿En cuál de esos altares descendería el fuego del cielo? ¿Cuál consumiría el Señor Dios con el fuego de Su agrado? Oh, veo que la ofrenda de Abel arde y que el semblante de Caín se ha decaído, pues a Abel y su ofrenda Jehová miró con agrado, pero no miró con agrado a Caín ni a su ofrenda.

Así será siempre, hasta que el último hombre sea reunido en el cielo. Nunca habrá una ofrenda aceptable que no esté sazonada con la fe. No importa qué tan buena sea, con la misma buena apariencia de aquella que tiene fe: sin embargo, a menos que la fe esté con ella. Dios nunca la aceptará pues Él declara: "Sin fe es imposible agradar a Dios."

Voy a tratar de condensar mis pensamientos esta mañana y seré tan breve como sea posible siendo a la vez consistente con una explicación completa del tema. Primero voy a exponer lo que es la fe. En seguida voy a argumentar que sin fe es imposible ser salvo. En tercer lugar voy a preguntar: ¿Tienes tú la fe que agrada a Dios? Entonces vamos a tener una exposición, un razonamiento y una pregunta.

I. En primer lugar, LA EXPOSICIÓN. ¿Qué es la fe?

Los antiguos escritores, que eran sumamente sensatos, pues habrán notado que los libros que fueron escritos hace unos doscientos años por los viejos Puritanos, tienen más sentido en una sola línea que el que se encuentra en una página entera de nuestros libros actuales, y contienen más sentido en una sola página que todo el sentido que se puede encontrar en un volumen entero de nuestra teología actual. Los antiguos escritores nos dicen que la fe se compone de tres elementos: primero conocimiento, segundo asentimiento y luego lo que llaman confianza; es decir, apropiarse del conocimiento al cual le damos nuestro asentimiento y lo hacemos nuestro al confiar en Él.

1. Entonces empecemos por el principio. El primer elemento de la fe es el conocimiento. Un hombre no puede creer lo que no conoce. Ese es un axioma claro y evidente. Si yo nunca he escuchado nada acerca de algo en toda mi vida y no lo conozco, no puedo creerlo. Y sin embargo hay algunas personas que tienen una fe como la del minero en una mina de carbón que, cuando le preguntaron en qué creía, respondió: "Yo creo en lo que cree la Iglesia." "Y ¿qué es lo que cree la Iglesia?" El minero responde: "La Iglesia cree lo que yo creo." "Te ruego me digas: ¿Qué creen la Iglesia y tú?" "Pues los dos creemos lo mismo."

Este hombre no creía en nada excepto que la iglesia estaba en lo cierto, pero en qué, él no podía decirlo. Es inútil que un hombre afirme: "soy creyente" y sin embargo no sepa en qué cree. Yo he conocido a personas así. Se ha predicado un violento sermón que ha calentado la sangre. El predicador ha clamado:"¡Creed, creed, creed!" Y a las personas repentinamente se les ha metido en la cabeza que eran creyentes y han salido de la casa de oración exclamando: "soy creyente."

Y si les preguntaran: "¿Díganme en qué creen?" no podrían dar una razón de la esperanza que hay en ellos. Ellos creen que tienen la intención de ir a la iglesia el siguiente domingo. Pretenden unirse a ese tipo de gente. Pretenden cantar con mucha emoción y tener delirios maravillosos. Como consecuencia de todo eso creen que serán salvos. Pero no pueden decir qué es lo que creen. Ahora, no creo en la fe de nadie a menos que conozca lo que cree. Si dice: "yo creo" y no sabe lo que cree, ¿cómo puede ser eso una fe verdadera? El Apóstol dijo: "¿Cómo creerán a aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?"

Para que haya una fe verdadera, es necesario que un hombre sepa algo de la Biblia. Créanme, esta es una época en la que no se valora tanto la Biblia como antes. Hace unos cien años el mundo estaba saturado de intolerancia, crueldad y superstición. La humanidad siempre corre de un extremo al otro y ahora nos hemos ido al otro extremo. En aquella época se decía: "Sólo una fe es la verdadera, suprimamos todas las demás por medio del tormento y la espada" Ahora se dice, "no importa que nuestros credos se contradigan, todos son válidos." Si usáramos el sentido común sabríamos que esto no es así. Pero algunos responden: "tal y tal doctrina no debe ser predicada y no debe creerse." Entonces, amigo mío, si no requiere ser predicada, no necesitaba ser revelada. Tú impugnas la sabiduría de Dios cuando afirmas que una doctrina no es necesaria; pues equivale a decir que Dios ha revelado algo que no es necesario; y Dios no sería tan sabio haciendo ya sea más de lo necesario, o menos de lo necesario. Nosotros creemos que los hombres deben estudiar toda doctrina que viene de la Palabra de Dios y que su fe debe basarse en la totalidad de las Sagradas Escrituras, especialmente en todo lo relativo a la Persona de nuestro siempre bendito Redentor.

Debe existir un cierto grado de conocimiento antes de que pueda haber fe. "Escudriñad las Escrituras," pues, "porque a vosotros os parece que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de Cristo." Como resultado de escudriñar y de leer viene el conocimiento, y por el conocimiento viene la fe y por la fe viene la salvación.

2. Pero un hombre puede saber algo y sin embargo puede no tener fe. Puede saber algo y no creer en ello. Por consiguiente, el asentimiento debe acompañar a la fe; esto es, debemos creer lo que conocemos y tener la certeza que es la verdad de Dios. Ahora, para tener fe, no solo basta que yo lea las Escrituras y las entienda, sino que debo recibirlas en mi alma como la propia verdad del Dios viviente. Y con devoción y con todo mi corazón debo recibir todas las Escrituras como inspiradas por el Altísimo, conteniendo toda la doctrina que Él requiere que yo crea para mi salvación.

No está permitido dividir las Escrituras y creer sólo aquello que te parezca bien. No se te permite creer las Escrituras a medias, pues si lo haces a propósito, no tienes la fe que únicamente ve a Cristo. La fe verdadera da su total asentimiento a las Escrituras. Toma una página y dice "no importa lo que se encuentre en esta página, yo creo en ella." Pasa al siguiente capítulo y dice: "Aquí hay algunas cosas difíciles de entender que los indoctos y los inconstantes tuercen, tal como lo hacen con el resto de las Escrituras, para su perdición. Pero por muy difíciles que sean, yo creo en ellas."

Considera la Trinidad. No puede entender la Trinidad en Unidad pero cree en ella. Ve el Sacrificio de expiación. Hay algo difícil en ese concepto pero lo cree. Y sea lo que sea que esté contenido en la revelación, besa el libro con devoción y dice:"lo amo todo, doy mi pleno, sincero y libre asentimiento a cada una de sus palabras, así sea una amenaza o una promesa, un proverbio, un precepto, o una bendición." Como todo es Palabra de Dios, todo es absolutamente verdadero. Eso es lo que creo. Todo aquel que quiera ser salvo debe conocer las Escrituras y debe darles su total asentimiento.

3. Pero un hombre puede tener todo esto y sin embargo no tener la fe verdadera. Pues lo principal de la fe radica en el tercer elemento, es decir, en la confianza en la Verdad. No en creerla simplemente pero en hacerla nuestra y en descansar en ella para salvación. Reposar en la verdad era la palabra que utilizaban los viejos predicadores. Comprenderás esta palabra, apoyándose en ella, diciendo: "Esta es la Verdad, a ella confío mi salvación." Ahora, la fe verdadera, en su esencia misma se basa en esto: en apoyarse en Cristo. No me salvará si solamente sé que Cristo es un Salvador. Pero me salvará si confío en Él para que sea mi Salvador.

No seré librado de la ira venidera creyendo que Su expiación es suficiente, pero sí seré salvo cuando haga de esta expiación mi confianza, mi refugio y mi todo. La esencia, la esencia de la fe radica en esto: arrojarse uno sobre la promesa. El salvavidas que permanece a bordo de un barco no puede ser el instrumento de salvación del hombre que se está ahogando, ni tampoco la convicción que el salvavidas es un excelente y un efectivo invento puede salvarlo. ¡No! Es necesario que lo tenga alrededor de sus lomos, o en sus manos. De otra manera se hundirá.

Para usar un viejo y conocido ejemplo: supongamos que el aposento alto de una casa se está incendiando. La gente se arremolina en la calle. Una criatura se encuentra en la habitación en llamas. ¿Cómo escapará? No puede saltar hacia abajo: moriría de inmediato. Un hombre fornido exclama: "¡Salta a mis brazos!" Una parte de la fe es creer que el hombre está allí, y otra parte de la fe es creer que el hombre es lo suficientemente fuerte para sostenerlo. Pero la esencia de la fe radica en arrojarse a los brazos de ese hombre. Esa es la prueba de la fe y su verdadera esencia.

Entonces, pecador, debes saber que Cristo murió por el pecado. Debes comprender que Cristo puede salvar y además debes creer que no serás salvo mientras no confíes en que Él es tu Salvador y que lo es para siempre. Como dice Hart en su himno, que realmente expresa el evangelio:

"Confía en Él, confía plenamente,
No confíes en ningún extraño.
Nadie sino sólo Jesús
Puede hacer bien al pecador desamparado."

Esta es la fe que salva. Y sin importar qué tan impía haya sido tu vida hasta ahora, esta fe, si te es dada en este momento, borrará todos tus pecados, cambiará tu naturaleza y te hará un hombre nuevo en Cristo Jesús. Te conducirá a vivir una vida santa y hará tu salvación eterna tan segura como si un ángel te llevara esta mañana en sus resplandecientes alas y te transportara de inmediato al cielo. ¿Tienes tú esa fe? Esta es una pregunta de suma importancia. Pues mientras que con fe los hombres son salvos, sin fe son condenados.

Como ha dicho Brooks en uno de sus admirables trabajos: "Aquél que cree en el Señor Jesucristo será salvo, aun si sus pecados son muchos. Pero aquél que no cree en el Señor Jesús será condenado, aun si sus pecados son pocos. ¿Tienes tú fe? Pues el texto declara "Sin fe es imposible agradar a Dios."

Continuará...

jueves, 4 de marzo de 2010

Psicología Cristiana: Una unión antibíblica

La psicología secular, basada principalmente en las enseñanzas de Sigmund Freud, Carl Jung y Carl Rogers, no tiene cabida en la vida cristiana. Tampoco lo hace la llamada “consejería cristiana,” porque la consejería “cristiana” tiene como sus bases la psicología secular, no la bíblica. La mayoría de los que se dicen ser "consejeros cristianos" son solo personas que usan la psicología secular como su “modus operandi.” Una persona no puede ser cristiano y psicólogo a la vez, es una contradicción nefasta.

La psicología es definida como una disciplina académica que involucra el estudio científico de los procesos mentales y del comportamiento, y la aplicación de ese conocimiento sobre las diferentes esferas de la actividad humana. La psicología es por naturaleza humanista.

El humanismo afirma el valor y la dignidad de toda la gente, basado en la habilidad de determinar lo correcto de lo incorrecto, apelando a las cualidades humanas universales, particularmente la racionalidad. El humanismo rechaza la fe que no se basa en la razón, lo sobrenatural, y la Biblia.

Por lo tanto, la psicología es la manera en que el hombre trata de entender y reparar el lado espiritual del hombre sin referencia a, o reconocimiento de lo espiritual. La Biblia declara que la raza humana tiene un principio diferente a cualquier otra cosa creada. El hombre fue hecho a la imagen de Dios, y Dios “…sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente (Génesis 1:26; 2:7).

En su esencia misma, la Biblia trata con la espiritualidad del hombre, comenzando con su caída en el pecado en el Jardín del Edén y las consecuencias que le siguieron, particularmente en lo referente a su relación con Dios. El resultado de la caída – el pecado- es lo que nos separa de Dios y lo que requiere de un Redentor que restaure esa relación.

La psicología secular, por otra parte, está basada en la idea de que el hombre es básicamente bueno y que la respuesta a sus problemas yace dentro de él mismo. Con la ayuda de un psicoterapeuta – y con frecuencia de un supuesto consejero cristiano – el paciente hurga dentro del laberinto de su propia mente y emociones y “trabaja a través” de ellos a fin de emerger en el otro lado más sano por haber descubierto la causa de sus dificultades. La Biblia, sin embargo, nos pinta un cuadro muy diferente de la condición del hombre. Él está “muerto en sus delitos y pecados” (Efesios 2:1) y su corazón es “engañoso más que todas las cosas y perverso” (Jeremías 17:9). Él es la víctima de lo que es llamado “depravación total.” El hurgar dentro de tal mente, buscando salud mental, es un ejercicio inútil, muy parecido a tratar de encontrar una rosa creciendo en el fondo de una cloaca.

El hombre fue creado inocente, pero fue desobediente a Dios; él pecó contra Dios, y este pecado cambió al primer hombre, Adán, y a todos los que vinieron después de él, con el resultado de estar física y espiritualmente muertos (Génesis 2:17; 5:5; Romanos 5:12; Efesios 2:1). La respuesta a los problemas espirituales del hombre es que nazca de nuevo – hacerlo vivir espiritualmente (Juan 3:3, 6-7; 1 Pedro 1:23). El hombre nace de nuevo al confiar en Jesucristo. Confiar en Jesucristo significa entender que Él es el único Hijo de Dios, y Dios el Hijo (Juan 3:16; Juan 1:1-3). Significa entender y creer que Jesús pagó por nuestros pecados cuando Él murió en la cruz, y que Dios demostró Su aceptación al sacrificio de Cristo por nosotros, resucitando a Jesús de los muertos (Romanos 4:24-25).

Los predicadores y pastores bíblicos, como opuestos a los psicólogos y psicoterapeutas, y a muchos “consejeros cristianos” ven solo a la Biblia como la fuente de un enfoque comprensible y detallado para entender, guiar y exhortar a la gente (2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:4). El cristiano bíblico está comprometido a dejar que Dios hable por Él mismo a través de Su Palabra, y a manejar correctamente la Palabra de Verdad (2 Timoteo 2:15). El predicador bíblico sigue la Biblia y busca ministrar el amor del verdadero Dios viviente, cuyo amor trata con el pecado y produce obediencia (1 Juan).

Mucho de la psicología y psicoterapia "cristiana", como algunos la llaman (que de cristiana no tiene nada), está basado en necesidades. Las necesidades de autoestima, de amor y aceptación, y de valoración tienden a dominar. Si estas necesidades son satisfechas, se cree que la gente será feliz, amable y moral; si no son satisfechas, la gente será miserable, odiosa e inmoral.

La Escritura enseña que es Dios, no nosotros mismos, quien cambia nuestros deseos y que la verdadera felicidad solo puede encontrarse en el deseo por Dios y la santidad. Si la gente desea la autoestima, el amor y el reconocimiento, ellos serán felices si lo obtienen y miserables si no lo logran, pero aún así en cualquier caso seguirán centrados en sí mismos. Por otra parte, si la gente desea a Dios, el reino de Dios, sabiduría santa y resurrección de gloria, ellos estarán satisfechos, y gozosos, y serán obedientes y útiles siervos de Dios.

Mientras que los psicólogos seculares intentan ayudar al paciente encontrando el poder para suplir sus propias necesidades desde adentro, para la mayoría de los autodenominados psicólogos cristianos como James Dobson, Bernardo Stamateas, Larry Crabb, entre otros, Jesucristo es el sanador accesible para las necesidades y las heridas de la psiquis. El paciente es instado a considerar lo mucho que es amado por Dios, y la cruz simplemente retrata cuán valioso es él para Dios, a fin de llenar su auto-estima y suplir su necesidad de ser amado. Pero en la Biblia, Jesucristo es el Cordero de Dios, crucificado en lugar de los pecadores. El amor de Dios en realidad derriba la auto-estima y la incesante búsqueda de ella. En vez de ello, produce una gran y agradecida estimación por el Hijo de Dios, quien nos amó y entregó Su vida por nosotros – el Cordero de Dios quien es el único digno de alabanza. El amor de Dios no satisface nuestra fijación por ser amados como somos. Derrumba aquella engañosa búsqueda, a fin de amarnos, a pesar de lo que somos y nos enseña a amar a Dios y a nuestro prójimo (1 Juan 4:7-5:3).

Cuando una persona intrínsicamente pecadora contrata a un psicólogo o un consejero cristiano, a fin de obtener la satisfacción a sus necesidades o para obtener felicidad, la auto-estima y la realización, ésta inevitablemente se alejará de tal consejería irrealizable. Jesús dijo que debemos morir a nosotros mismos y nacer de nuevo. Cuando venimos a Él, debe ser con la intención de deshacernos de la antigua naturaleza – no solo arreglarla – y ponernos la nueva naturaleza, la que vive para Cristo y busca servirle a Él y a otras personas por amor a lo que Él ha hecho.

Tito 2:1 Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina.

lunes, 1 de marzo de 2010

Evangelismo estilo Puritano

Confiemos en la predicación. La más grande necesidad en el mundo hoy no es comida, ayuda social o consejería, sino el retorno a una predicación poderosa que presente fielmente la verdad con el vigor, el denuedo y la unción del Espíritu. Esa es la predicación que el mundo necesita.

Vivimos en una época que enfatiza el evangelismo mundial, pero si hemos de hablar de evangelismo bíblico, los puritanos tienen bastante que enseñarnos.

Muchos, al saber que los puritanos eran calvinistas y creían que el hombre es incapaz de arrepentirse por sí mismo, que Dios predestina a los que han de ser salvos y que Cristo vino a morir sólo por sus elegidos, piensan que ellos no evangelizaban. Ellos se imaginan que estas doctrinas los restringían y hacía sus predicaciones contradictorias. Pero, ¿era así? La respuesta es no. ¿Por qué? porque ellos imitaban a los apóstoles, y como ellos, veían la predicación desde una perspectiva evangelística.

Para los puritanos, la predicación era el método de Dios para salvar a los incrédulos y hacer crecer la iglesia, ya que, es Dios quien añade cada día los que han de ser salvos y están preordenados para vida eterna. De modo que en mayor o menor grado, consideraban que la predicación no sólo tenía que proclamar todo el consejo de Dios sino debía ser evangelística. Por eso su predicación era tanto doctrinal como evangelística.

Los puritanos entendían que las buenas nuevas de salvación no son una formula simplista. Para ellos el evangelio de Cristo no estaba divorciado del resto de la revelación plena de las Escrituras. Y esa revelación plena a la que llamamos “La Palabra” siempre es evangelística, ya sea explícita o implícitamente.

Al hablar de predicación evangelística los puritanos se referían una predicación que incluye un llamado a volverse a Dios en arrepentimiento y fe. Su concepto de la predicación era que debía ser hecha de forma que “la gente sienta que la Palabra de Dios es viva y poderosa, y que si hay algún incrédulo entre los oyentes, la Palabra haga manifiestos los secretos de su corazón y le haga dar gloria a Dios.”

Los puritanos no solamente presentaban el evangelio; ellos lo ofrecían, implorando, razonando, urgiendo y apelando a todas las facultades del pecador. Su predicación iba dirigida a la totalidad del ser de sus oyentes—mente, corazón, conciencia, memoria y voluntad. Si eso no les funcionaba, no tenían más a que recurrir, no utilizaban métodos humanos o estrategias de hombres. No le pedían a nadie que levantara la mano, que pasara al frente o que firmara una tarjeta de decisión como se hace hoy día. La predicación era suprema para ellos pues la veían como el medio por el cual Dios regenera al pecador.

Así que ellos no veían ni usaban más estrategia que predicar y orar. Es por eso que eran predicadores poderosos.

Es cierto que las doctrinas calvinistas mal manejadas pueden conducir a la falsa idea del hipercalvinismo que afirma que el ofrecer abiertamente el evangelio a todos los hombres contradice la soberanía de Dios. Según los hiper-calvinistas, esto no se debe hacer pues el evangelio es sólo para los elegidos, los cuales, tarde o temprano, van a ser salvos soberanamente. Los puritanos (con pocas excepciones) no cayeron en ese error.

También está la falsa idea del arminianismo, que afirma que el hombre es capaz de creer por sí mismo, si no fuera así, Dios no le pediría que creyera. Según los arminianos, no es Dios sino el pecador quien decide si éste ha de ser salvo o no; y por eso los predicadores no deben limitarse sólo a la predicación sino deben usar todo tipo de tácticas y estrategias para convencer al pecador.

Los puritanos rechazaron y combatieron esta idea.

Su secreto estaba en que fueron consistentes en enfatizar la responsabilidad humana junto con la soberanía divina sin tratar de racionalizar cada pequeño detalle. Ellos entendían el concepto bíblico de que la regeneración precede a la fe, o sea que para que el pecador crea tiene que nacer de nuevo por la Palabra y el Espíritu. Por eso es que nunca llevaban registros y estadísticas de los que “aceptaban a Cristo,” como se hace hoy.

Su meta era ver hombres convertidos, que se comprometieran con Dios, su Palabra y la iglesia. No conocían la idea de “cristianos carnales” ni consideraban cristiano a cualquiera que iba a la iglesia y se comprometía a medias. Ese tipo de “cristianos” no se veían en sus iglesias.

Su predicación era una poderosa apelación al hombre total para que al nacer de nuevo se convirtiera, creyera y se entregara a Cristo totalmente. Si eso fallaba, lo demás no lograría más que una decisión temporal que engañaría a la gente haciéndole creer que era salva sin haber sido regenerada.

Es esencial que contendamos por la verdad sin descuidar ninguno de sus aspectos. Dios es soberano pero el hombre es responsable, y si estas verdades se predican fielmente, Dios nos honrará.

Vemos pues que la predicación es tan vital y suprema porque es el método divino para alcanzar y regenerar a los pecadores. No nos atrevamos a menospreciarla. Oremos por nuestros predicadores, para que sean como los puritanos en su pasión por Dios, por la predicación y por la salvación de los incrédulos.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Frases y Dichos

“El evangelismo nunca pareció ser un ‘problema’ en el Nuevo Testamento. Esto es, uno no encuentra a los apóstoles urgiendo, exhortando, reprendiendo, planificando y organizando estrategías, métodos o programas evangelísticos… ¡El evangelismo sucedía! Emanaba naturalmente de la comunidad de creyentes como la luz emana del sol; era automático, espontáneo, continuo y contagioso.” - Richard Halverson

"Determina practicar lo que lees. Los cristianos deberían ser Biblias andantes que viven las verdades allí escritas. La Palabra no es sólo guía para el conocimiento, sino también una guía para la obediencia. Una lectura santa de la Palabra de Dios produce que huyamos de los pecados y que practiquemos los deberes que se nos ordenan." -Thomas Watson

"La manera de alcanzar alivio y consuelo, no es negando, ocultando o extenuando nuestros pecados, sino confesándolos con toda su infamia y tratando el asunto con Dios, colocándonos justo donde la Palabra nos ubica." -William Jay

"El hombre no puede cubrir lo que Dios revelará." -Thomas Campbell

"Recuerda, no es la lectura apresurada de verdades santas y celestiales - sino la meditación seria en ellas lo que las hace dulces y provechosas para el alma. No es el mero toque que la abeja hace a una flor lo que produce la miel - sino su permanencia por más tiempo sobre la flor lo que le permite extraer el dulce. El cristiano más escogido, dulce, sabio y fuerte no será aquel que lee más, sino aquel que medita más." - Thomas Brooks

"Glorificación es el nombre bíblico que recibe el acto por el que Dios termina lo que comenzó al regenerarnos; esto es, nuestra reconstrucción moral y espiritual para que seamos perfecta y permanentemente conformados a Cristo. La glorificación es una obra de poder transformador, por medio de la cual Dios nos convierte por fin en criaturas sin pecado en un cuerpo inmortal."- J.I. Packer [Teología Concisa, 256]

“He escuchado bastante acerca de la evolución y el desarrollo, pero temo que si cualquiera de nosotros se desarrollara al máximo, aparte de la gracia de Dios, terminaría peor que cuando el desarrollo empezó.” - Charles Spurgeon

“Lloyd-Jones tenía la convicción que las Iglesias cometían un gran error cuando no esperaban que los niños estuvieran presentes durante un sermón… Los niños son tan capaces de estar conscientes de la presencia de Dios como los adultos, y bajo tal predicación pueden obtener impresiones que duren toda la vida. Aquel infante que escuchaba a Whitefield expresó: ‘él hace que Dios luzca grande’; consiguió algo que jamás olvidaría.” - Iain Murray [Lloyd-Jones—Mensaje de gracia , p.35]

“Si todos los pecados fuesen ahora públicamente castigados, se creería que ninguna cosa se reservaba para el último juicio; por otra parte, si Dios no castigase ningún pecado públicamente, se creería que ya no hay Providencia divina.”
- Agustín [Ciudad de Dios, Libro 1, Capítulo 8]

“¿Y por medio de quién nos conservó Dios su doctrina de vida, comprendida en la Ley y en los Profetas, para manifestarnos por ella a Jesucristo a su debido tiempo? Por los mayores enemigos de Cristo, que son los judíos; a los cuales, con gran razón, san Agustín llama libreros de la Iglesia cristiana, porque ellos nos han suministrado los libros que a ellos mismos no les sirven para nada.” - Juan Calvino [Instituciones de la Religión Cristiana , 1.8.10]

“Los sentimientos de confianza acerca de nuestra salvación necesitan ser probados antes de ser confiados.” - J. I. Packer

"Ver tu propia ignorancia y ceguera es el primer paso hacia tener el verdadero conocimiento." - Jonathan Edwards

"Parte de la bondad consiste en amar a las personas más de lo que se merecen." - Joseph Joubert

“El estudio de la historia es vital para la salud de la iglesia.” - Iain Murray [Héroes, p. xiii]

“La historia hace que un joven sea viejo, sin las arrugas ni las canas; dándole el privilegio de la experiencia de la edad sin las debilidades ni las inconveniencias de la misma. Sin la historia, el alma de un hombre queda ciega, viendo únicamente las cosas que casi tocan sus ojos.” - Thomas Fuller

“Si conocieran el valor de vuestras almas, la atrocidad del infierno, buscarían la salvación con la diligencia correspondiente. Sin embargo, cuándo fríamente busca aun el más ansioso a Cristo. Cuán raras veces oran, cuán pálidos son vuestros deseos, cuán raras veces lloran, claman o sudan con una intensa agonía. Oh, esforzaos a entrar.”
- Robert Murray M’Cheyne

“Entre los cuatro usos para los cuales la Escritura es útil, como se nos describe en 2 Timoteo 3:16, están redargüir y corregir. Una vez más, estos usos asumen que todavía tenemos pecado que necesita ser reprendido y corregido.”
- Jerry Bridges [Pecados Respetables, p.34]

“La historia demuestra que la declinación del fervor religioso ocurre más frecuentemente durante un período de paz y prosperidad que durante épocas de persecución y dificultad.”
- Simon J. Kistemaker [Hebreos, p. 28]

“La doctrina bíblica del pecado original se reduce a esto (según palabras de San Agustín): Somos libres para hacer lo que queramos, pero no somos libres para querer lo que debemos querer.”
- John Piper [Prueba y Observa, "Cuando el "querer" y el "deber" no coinciden, 29 de octubre 1998][Prueba y Observa, p.54]

“Dime cómo ora un hombre y te diré cuál es el estado de su alma. La oración es el pulso espiritual.” - J. C. Ryle

“El perdonar a otros no garantiza perdón para nosotros mismos, pero el no perdonar a otros demuestra que nosotros mismos no hemos sido perdonados.” - John Owen

La Biblia enseña de numerosas maneras que el pecado mismo es un juicio. En el libro de Romanos Pablo nos dice que la ira de Dios visita a los hombres entregándoles (Rom.1:18,24). Cuando Él los entrega a sus pasiones, corren de cabeza a más pecado, y ese estado de ceguera no sólo incurre en mayor juicio, sino que debe considerarse un juicio en sí mismo. Otro ejemplo lo podemos observar en el libro de Proverbios. ‘Fosa profunda es la boca de la mujer extraña; aquel contra el cual Jehová estuviere airado caerá en ella’ (22:14). Aquel que es sexualmente promiscuo piensa que con su conducta está escapando de Dios y de sus estándares, justo en el mismo momento en que está cayendo bajo Su juicio. En un frenesí de incredulidad, un hombre salta de un gran precipicio—la intención de Dios para Él puede verse en las rocas que se encuentran debajo. Pero por un breve período de tiempo el hombre piensa que está volando." - Douglas Wilson

"Lucha por nosotros, oh Dios, para que no nos deslicemos insensibles, ciegos e insensatos hacia emociones vanas y vacías." - John Piper

"En la más oscura noche del alma, los cristianos tienen algo a que aferrarse que Job nunca conoció. Conocemos a Cristo crucificado."
- Donald Carson

"Algunas veces pensamos que la oración es sencilla, pero no lo es. Los grandes santos de todos los tiempos han estado de acuerdo al decir que una
de las cosas más difíciles es aprender cómo orar. Si algún cristiano se ha estado sintiendo decaído porque él o ella encuentra la oración difícil, no deben desalentarse, porque es la experiencia común de los santos." - Martyn Lloyd-Jones [La Seguridad de la Salvación, p.16]

"Jesús dice: ‘He acabado la obra que me diste que hiciese’. Ya está hecha; está completa. Por tanto, nosotros predicamos una salvación completada.
No se nos ha dejado nada más para hacer, sino sólo recibirla; no hay nada que tengamos que añadirle; no hay buena obra ni ningún mérito que tengamos que proveer: todo está en Cristo, y solamente en Cristo." - Martyn Lloyd-Jones [La Seguridad de la Salvación, p.20]

"Muchos oran con sus labios por aquello por lo que sus corazones no sienten ningún deseo."
- Jonathan Edwards

“Cuando Dios rehusa corregir es porque Dios está resuelto a destruir. No hay un hombre que esté tan cerca del borde del abismo, tan cerca de las llamas, tan cerca del infierno, como aquel en quien Dios ni siquiera utilizará una vara.” - Thomas Brooks

“No tenemos razón para creer que nuestra religión es la religión de la Biblia, si ésta es aceptable al gusto de las mentes carnales.” - William Jay

“Es posible que un hombre puede estar fuera de Cristo hoy, y en Él mañana; pero es imposible que pueda estar en Él hoy, y fuera de Él mañana.”
- Augustus Toplady

“Aunque muchos dicen, erroneamente, que Dios aborrece el pecado pero ama al pecador, no es al pecado lo que Dios condena al infierno, sino al pecador” - Burk Parsons

“Las doctrinas de la gracia humillan al hombre sin degradarlo, y lo exaltan sin inflarlo.”
- Charles Hodge

“Si somos ortodoxos, entonces ‘pensamos rectamente’. Si ‘pensamos rectamente’ entonces pensamos en términos de la verdad. Si pensamos en términos de la verdad, pensamos en términos de Dios. Si pensamos en términos de Dios, entonces todo lo relacionamos con Dios y Dios con todo —somos gobernados en todas las áreas de la vida por la conciencia de nuestra dependencia de Dios y nuestra relación con Él. La piedad es precisamente eso. Dios está en todos nuestros pensamientos y estamos comprometidos con Él en todo. En una palabra, la verdad es según la piedad, y la piedad es según la verdad.” - John Murray

lunes, 8 de febrero de 2010

2° Parte - El derecho soberano de Dios en la elección

II Parte

En la primera parte de este estudio estábamos tratando con algunos argumentos que se levantan en contra de la doctrina de la elección, y que Pablo, adelantándose a esas objeciones, las responde otorgando claridad y certeza a favor de la soberanía de Dios en la elección.

Ahora continuaremos con esta enseñanza.

Rom 9:16-18

"Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece."

Otras de las objeciones a la soberanía de Dios en la elección, aparece en el verso 19 "Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad?"

Sabemos que Dios no solo ha escogido tener misericordia de algunos, sino que también Dios, en su santísimo consejo, permite que los hombres sigan transitando en sus "propios caminos", y como un acto de juicio sobre ese camino, endurece sus corazones en su pecado, y por causa de sus pecados. Y la objeción que vemos en el verso 19 sería más o menos está: "Pablo, eso no es justo, ¿por qué Dios sigue inculpando? porque ¿quién ha resistido su voluntad?"

La primera respuesta a esa objeción es: "Acuérdate quién eres, y quién es Dios"
Versículo 20: "Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?"

Una segunda respuesta a esa objeción, y mucho más decisiva sería la siguiente: "Recuerda los derechos de Dios."
Versículo 21 "¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?"

Pablo nos está diciendo: "Déjame recordarte algo, por si quizás se te olvidó: Dios tiene derechos, y él hace lo que quiere
con su creación". Pablo utiliza esta ilustración del alfarero y el barro.
Por ejemplo: Puedes ir a la tienda y comprar barro y hacer algún florero elegante, ese es tu privilegio; puedes hacer algún bello adorno, ese es tu privilegio; o puedes hacer algún balde para darles de comer a los puercos, o para depositarles agua a los perros, puedes hacer como tú quieras. Tienes el derecho para hacer de la misma masa de barro algunos utensilios viles para deshonra y otros para honra y admiración. Y eso es lo que Pablo nos está diciendo en el verso 21. Hermanos, no nos olvidemos que Dios tiene todo el derecho de toda su creación. Dios puede hacer lo que desee de la masa de hombres caídos.

Ahora recuerden, mantengan esto en su mente, cuando la Biblia habla del tema de la elección, en estos contextos se habla de elección para salvación; así que lo que se implica aquí es que se está viendo al hombre como pecador, en su estado caído, un pecador en Adán; y la masa de la humanidad caída está en las manos de Dios. Esta masa merece la ira de Dios, y que es Su derecho hacer lo que quiera con ellos, según su soberana voluntad. Nadie puede detener la mano de Dios y decirle ¿qué estás haciendo?. Si Dios así lo desea, puede honrar a alguno con salvación eterna, para su propia gloria y la exaltación de su misericordia, y a otros deshonrarlos con condenación eterna; y eso sería un justo juicio por sus pecados. En todos los casos, Dios sería y seguiría siendo justísimo.

Y Pablo continúa indicándonos en los versículos del 22 al 24, que no solamente Dios tiene ese derecho, sino que Él también lo ejercita para su gloria. Romanos 9:22-23 "¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria" Dios está manifestando su gloria.
Pablo nos dice que en la destrucción de los vasos de deshonra Dios magnifica su poder y su gloria en Su ira. Y en la salvación de los vasos de misercordia, Dios magnifica las riquezas de la gloria de su gracia. Y estos vasos, tanto los de deshonra como los de honra, Dios los preparó de antemano para Gloria.

Hemos examinado brevemente este pasaje.
Vimos el hecho de la ilustración por parte de Pablo de la soberanía de Dios en la elección con los ejemplos de Isaac e Ismael, y los de Jacob y Esaú. La base de la discriminación de Dios confirmada. Y las objeciones a la discriminación soberana de Dios anticipadas y respondidas por parte de Pablo.

¿Qué tiene que decirnos este pasaje a nosotros que somos hijos de Dios?

La enseñanza de este pasaje nos tiene que llenar de asombro, gratitud y humildad hacia Dios. Si nuestros corazones han sido llevados al arrepentimiento, si hemos sido traídos a ver el pecado por el Espíritu Santo y hemos huído hacia Cristo y estamos confiando en Él, si con gozo confesamos que para nosotros el morir es Cristo, es porque Dios tuvo misericordia de nuestra alma; es únicamente por eso. No es de aquel que quiere o del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. No fue porque usted o yo tuvimos suficiente sabiduría para tomar una decisión, sino que fue la decisión eterna de Dios, para incluirnos en su propósito.

Escribiendo sobre el tema de la elección, Pablo dice en Efesios 1:3-4a: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo" El corazón del apóstol Pablo está lleno de gratitud y alabanza por el solo hecho de pensar que él fue elegido para tener y ser depositario de la gracia de Dios; porque no hay ningún mérito en él.

Alguien puede decir: "Pero esta doctrina hace que Dios discrimine entre las personas" Yo te argumento que lo opuesto es la verdad. Porque todos están igualmente perdidos, todos son igualmente viles, todos merecen la ira; pero Dios, de su buen deseo, sin tomar en cuenta ningún mérito humano, sino por razones que están en Su propio corazón, Dios elige con soberanía; y maravilla de maravillas es que seamos el objeto de su misericordia.

Si algunos hombres fuesen inteligentes, nobles, y sabios; y otros fuesen necios, tontos, y de poca inteligencia; y Dios escogiera a los del primer grupo, entonces eso sería discriminación. Pero todos son iguales, estando en las mismas condiciones de pecado, entonces Dios, como alfarero, escoge de esa misma masa algunos para honra y otros para deshonra, en eso no hay discriminación alguna, sino una elección soberana.

Así que, afirmo y concluyo que esta doctrina de la elección soberana de Dios, debe llenar nuestros corazones de asombro, gratitud y alabanza a Dios.

A ti, Oh Dios, sea la gloria por siempre. Amén



miércoles, 3 de febrero de 2010

1° Parte - El derecho soberano de Dios en la elección


I Parte


Romanos 9:6-16
"No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes. Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia."

Este es un pasaje que ha causado grandes conflictos en lo que a interpretación se refiere. Pero permíntanme aclararles algo antes de comenzar.
Es muy posible que algunos de mis lectores no estén de acuerdo con estas enseñanzas, y quiero asegurarles que yo no creo que, si una persona está en desacuerdo conmigo no es creyente. Yo reconozco que hay muchos hermanos piadosos que no están de acuerdo, lo reconozco. Pero al mismo tiempo, les pido que lean con mucha atención y con una mente libre de prejuicios a la Palabra de Dios. Porque lo que estoy tratando de hacer, es darle la interpretación más clara y directa que tiene este pasaje en sí mismo, y no alegorías; y les digo que, hubo una vez, en mi vida cristiana, en que rechacé y me opuse firmemente a las doctrinas que hoy estoy enseñando con mucha pasión y verdad. Pero Dios cambió mi corazón, y mi entendimiendo sobre estas cosas. Así que, lo único que les pido es que lean con mucha atención y justamente; y si después de todo, ustedes siguen en desacuerdo, los seguiré amando como mis hermanos en Cristo, y espero que ustedes también a mí.

Para empezar la enseñanza de este pasaje, tenemos en primer lugar, el hecho de la elección soberana de Dios ilustrada. Pablo utiliza dos casos específicos del Antiguo Pacto, en donde Dios utiliza su derecho soberano para discriminar o escoger en las dádivas de sus misericordias.

El primer caso al que se refiere Pablo es el de Isaac e Ismael. Versos del 6 al 9
"Ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes. Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo."
La promesa de Dios dada a Abraham aún estaba por cumplirse. Entonces, Abraham, viendo humanamente el problema de Sara, lo conversa con ella, y se les ocurre una idea de cómo ellos podían ayudar a Dios. Es por esto que Abraham conoció a la sierva de Sara, Agar. El resultado de esa unión fue Ismael, pero Dios rechazó a Ismael. Porque no era a través de Ismael que Dios se había propuesto llevar a cabo la promesa. La simiente sería de Isaac, no es Ismael. Ahora, debemos notar que Ismael era hijo de Abraham, era un hijo legítimo, sin embargo, fue rechazado por Dios.
Recuerden el contexto. El punto principal de Pablo en esta ilustración es que la descendencia natural o física no asegura la bendición de la salvación. Sino que los hijos de la promesa son los de la verdadera simiente espiritual de Abraham, y son hechos hijos de la promesa según la elección soberana de Dios. Pero el pasaje sigue hablándonos como si alguien objetase diciendo: pero espérate un momento, es muy obvio el porqué Dios escogió a Isaac y no a Ismael. La relación que Abraham tuvo con Agar no era de Dios. Fue el resultado de un plan humano. Por eso es obvio que Dios no podía bendecir esa relación. Así que escogió a Isaac, ya que ese hijo sí era el fruto de una sana relación. Además, Ismael era el hijo de una esclava, e Isaac era hijo de una mujer libre. Además, con el tiempo fue demostrado que Isaac fue mejor hombre que Isamel. Es por eso que Dios escogió a Isaac y no a Ismael.

Así que Pablo, anticipándose a esa objeción trae otro ejemplo que ilustra de manera más clara y enfática la soberanía de Dios en la elección. Dirije nuestra atención al caso de Esaú y Jacob, versos del 10 al 13.
"Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí."

Ahora, pensemos un poco. Dios escogió a Isaac, no a Ismael. Pero alguien puede decir: claro, Dios escogió a Isaac y no a Ismael por sus orígenes y por sus carácteres. Pablo puede decir: Está bien, ese es tu argumento, ahora te preguntaré bajo ese mismo argumento, ¿por qué Dios escogió a Jacob antes que a Esaú? Tenían el mismo padre, la misma madre, tenían el mismo trasfondo hereditario, eran gemelos. Sin embargo, Pablo escribe que antes de hacer algo, antes de haber obrado bien o mal, Dios escogió a Jacob.

Quiero hacer una pausa aquí, y aclarar algo muy importante. Recuerden que estamos hablando de criaturas caídas, que tanto Ismael como Isaac, tanto Jacob como Esaú fueron concebidos en pecado, como todos los hombres somos concebidos en pecado según Salmo 51:5. En otras palabras, por la caída de Adán todos somos nacidos en pecado, con una naturaleza depravada, enemigos de Dios, y estando bajo la ira de Dios. Pablo no estaba diciendo que Jacob y Esaú eran inocentes, como la iglesia católica lo enseña. Pablo no está contradiciendo aquí en Romanos 9 lo que él enseñó en Romanos 5, que en Adán todos han pecado. Lo que está diciendo aquí es que, hasta ese momento ninguno de los dos habían cometido obras personales de bien o mal, como para diferenciarse el uno del otro; ambos eran pecadores ante Dios. Sin embrago, antes que ellos salieran del vientre de su madre, ¿qué hizo Dios?, Él dijo: "El mayor servirá al menor... A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí" Dios puso su amor especial, su gracia salvífica sobre Jacob, mientras que Esaú siguió siendo el objeto de su santa ira.

Dios no puede permitir que alguien suba a su Trono y le acuse de injusticia, Dios pudo haber dicho: A Jacob aborrecí y a Esaú aborrecí. Ya que ambos, por naturaleza, merecían la ira de Dios. Pero Dios, en el ejercicio de su soberana gracia, escogió colocar su amor especial sobre Jacob, y no sobre Esaú. Y a pesar de eso, Él sigue siendo justísimo, sapientísimo y santísimo.
Esto no niega que Dios tenga una benevolencia general sobre todos los hombres caídos. Pero la Biblia también nos enseña que, aquellos que están fuera de Cristo, están bajo la ira santa de Dios; y los que son de su pueblo son objetos de su amor especial y salvación.

Pablo, luego de dar dos ilustraciones de la soberanía de Dios en la elección, procede a manfestar la base de esta elección soberana confirmada.
¿Cuál fue la base o la razón por la cual Dios aborreció a Esaú y amó a Jacob? ¿Cuál fue la base por la cual Dios escogió para salvación a Jacob y dejó a Esaú como depositario de su ira para siempre? ¿Por qué algunos son hijos de la promesa y herederos de la salvación prometida a Abraham, y otros no?
La respuesta está en el verso 11. Noten primero que Pablo aclara cuál NO fue la razón o la base de esta elección: (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama) Dios no escogió porque uno hizo el bien y el otro el mal, o porque Él vio de antemano que Jacob iba a ser bueno y Esaú iba a ser malo. ¡No!, el apóstol Pablo, claramente, repudia esa noción. Entoces, ¿cuál fue la base, cuál fue la razón?, ¿basado en qué hizo Dios una distinción entre estos dos hombres? La encontramos en una frase pequeña en medio de este mismo verso. Dice: "Para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese"
Eso es, lo que en el griego se le llama: una cláusula de propósito. "Para que", o "por razón que". Esta es la razón: Para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese.

Pablo nos está diciendo que Dios escogió a Jacob y desechó a Esaú según Su propósito conforme a Su elección, el cual fue expresado mientras ellos aún estaban en el vientre. La respuesta de esta elección no está en Jacob o en Esaú, sino en el Secreto de Su soberanía.

Hermanos, si esto no está claro, no sé qué más puede serlo. Pablo dice, claramente, que la razón de la promesa de Dios a Abraham, en referencia a la salvación de su pueblo, no ha sido frustrada por la incredulidad de los israelitas; y que el propósito de Dios siempre ha sido, no salvar a los hijos según la carne, sino a los hijos de la promesa; y éstos son hechos hijos de la promesa, no según obras presentes u obras futuras vistas de antemano; sino según el propósito de Dios conforme a la elección. Esa es la enseñanza de los versículos del 6 al 13.

Pablo sabía que las personas podían sentirse incómodas al estudiar estas doctrinas, y que algunas preguntas se levantarían en la mente. Por eso Pablo anticipa preguntas y objeciones, y las responde para dar claridad a esta enseñanza.

En la próxima publicación continuaré con las demás objeciones que Pablo adelanta en los versos posteriores en contra de la elección soberana.